21 de marzo de 2009

"Volverse loca o escritora resultan alternativas carísimas hoy en día". ¿En cuánto a qué?. Mi máquina de escribir no hace más que juntar polvo desde hace un tiempo. Nada de historias fantásticas, dramas ni incoherencias inspiradas por la falsa musa de turno. El camino es otro. Estoy sola en esto y lo considero como una de las decisiones más acertadas. Nadie más que yo para empujarme hacia el abismo. Una verdadera aventura, en la cual no hubiera podido embarcarme en otra época. El blister no continúa abriéndose para saciar mis miedos. Próxima fecha de vencimiento.
Con la mirada de ayer transformada, voy caminando por las calles atiborradas de personas. Que no hablan más que de precios y desempleo. Aquel que avanza a unos pasos delante de mí grita. Parece que la calle es un buen marco para discutir lo que debería hacer su mujer con su hija: - A mí no me metas, yo no tengo nada que ver - . No escucho más. Porque entre tantos ruidos, preocupaciones y vistazos que me desnudan, siento el canto de un grillo: La especie adaptada al salto. Y odio estos insectos, pero se torna de lo más dulce que existe en toda esa situación. Y no me empujes. ¿No lo escuchás vos también? ¿O solo es mi salida de emergencia?. Hay dos cuadras más. Una Esmeralda y otro grillo. Realmente soy yo. También son ellos que se abrazan y hacen detener a cada transeúnte con su reencuentro.
Y me detengo junto a un extranjero que habla con un pibe que vende estampitas. Ambos reflejan necesidad de sonrisas que inmediatamente manifiestan. Y yo sé dentro de mí que todo marcha bien. Que los sueños proyectados nos esperan en algún rincón de la ciudad.
Y a pesar de todo... sonrío.