21 de enero de 2010



Ansiedad ansiedad ansiedad :D

15 de enero de 2010

De por qué te corté la cabeza....


Terricola 1 dice:
P dice que estamos viendo muchas pelis de asesinos (?)
Tengo el instinto bien despierto
Cuidado terricolassssssssss!

Terricola 2 dice:
jajja
bueno a mi me pasaba y el psiqui me dijo q dejara de verlas (no solo por los sueños) era mas violencia no q mataba gente

Terricola 1 dice:
Claro
Bueno, pero mi psicologa se fue de vacaciones, puedo hacer lo que se me de la gana!
(Por favor, no se lo digas!)

13 de enero de 2010

Ya me han contado hasta ocho (Bukowski)

Desde mi cama
Observo
3 pájaros
en un cable
de teléfono.

Uno se va
Volando
Luego
Otro.

Queda uno,
Luego
También él
Se va.

Mi máquina de escribir está
Silenciosa como un sepulcro.

Y yo me he quedado
Reducido a observar
Pájaros.

Simplemente he pensado
Que te lo debía
Contar
Cabrón.

8 de enero de 2010

¿Sentiste alguna vez miedo?
¿Sentiste que todo lo que hiciste hasta ahora fue en vano y no hay salida?
¿Sentiste que pasar por tanto dolor no te fortaleció en absoluto?
¿Sentiste que en realidad no hay nadie que pueda entender lo explota adentro tuyo?
¿Sentiste que llorar te aliviaba la ansiedad pero seguías teniendo miedo a que la historia se volviera a repetir?

Yo sentí eso y mucho más, pero también los abrazos con los cuales me contuviste cada momento en el que creía que todo se derrumbaba...
Eso responde sólo un porcentaje a la pregunta de ¿Por qué cada día que pasa te amo más?

5 de enero de 2010


Tiempo de perderte y de volverte a encontrar.

4 de enero de 2010

Dos semanas, tres semanas o cuarenta mil mañanas...
Cuántos golpes recibir?

3 de enero de 2010

(…) me levanto sobresaltado; si por lo menos pudiera dejar de pensar, ya sería mejor. Los pensamientos son lo más insulso que hay. Más insulso aún que la carne. Son una cosa que se estira interminablemente, y dejan gusto raro. Y además, dentro de los pensamientos están las palabras, las palabras inconclusas, las frases esbozadas que retornan sin interrupción: “Tengo que termi… yo ex… Muerto… M. de Roll… ha muerto…No soy… Yo es…” Sigue, sigue, y no termina nunca. Es peor que lo otro, porque me siento responsable y cómplice. Por ejemplo, yo alimento esta especie de rumia dolorosa: existo. Yo. El cuerpo, una vez que ha empezado, vive solo. Pero soy yo quien continúa, quien desenvuelve el pensamiento. Existo. Pienso que existo. ¡Oh, qué larga serpentina es sensación de existir! Y la desenvuelvo muy despacito… ¡Si pudiera dejar de pensar! Intento, lo consigo: me parece que la cabeza se me llena de humo… y vuelve a empezar: “Humo… no pensar… No quiero pensar. No tengo que pensar que no quiero pensar. Porque es un pensamiento”. ¿Entonces no se acabará nunca?

Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso… y no puedo dejar de pensar. En este mismo momento –es atroz- si existo es porque me horroriza existir. Yo, yo me saco de la nada a la que aspiro; el odio, el asco de existir, de hundirme en la existencia. Los pensamientos nacen a mis espaldas, como un vértigo, los siento nacer detrás de mi cabeza…, si cedo se situarán aquí delante, entre mis ojos, y sigo cediendo, y el pensamiento crece, crece, y ahora, inmenso, me llena por entero y renueva mi existencia.

Mi saliva está azucarada, mi cuerpo tibio; me siento insulso. Mi cortaplumas está sobre la mesa. Lo abro. ¿Por qué no? De todos modos, así introduciría algún cambio. Apoyo la mano izquierda en el anotador y me asesto un buen navajazo en la palma. El movimiento fue demasiado nervioso; la hoja se ha deslizado, la herida es superficial. Sangra. ¿Y qué? ¿Qué es lo que ha cambiado? Sin embargo, miro con satisfacción en la hoja blanca, a través de las líneas que tracé hace un rato, ese charquito de sangre que por fin ha cesado de ser yo. Cuatro líneas en una hoja blanca, una mancha de sangre: es un hermoso recuerdo. Tendré que escribir encima: “Ese día renuncié a escribir un libro sobre el marqués de Rollebon”.

¿Me curaré la mano? Vacilo. Miro el ligero fluir monótono de la sangre. Justamente ahora se coagula. Se acabó. Mi piel parece enmohecida alrededor del tajo. Debajo de la piel sólo queda una pequeña sensación semejante a las otras, quizas más insulsa todavía (…)